Con el descenso de las temperaturas propio del otoño, la calefacción vuelve a encenderse en miles de hogares de Estados Unidos y, con ella, reaparece un riesgo que suele pasar inadvertido: la intoxicación por monóxido de carbono. Así lo advirtió Univision en un reportaje difundido a mediados de octubre de 2026, que subraya la importancia de revisar los equipos y adoptar precauciones antes de utilizarlos después de meses de inactividad.

El monóxido de carbono (CO) es un gas incoloro, inodoro e insípido, razón por la cual los especialistas en seguridad lo describen con frecuencia como un peligro silencioso. Se produce cuando los combustibles como el gas natural, el propano, el petróleo, la leña, el carbón o la gasolina se queman de manera incompleta. En condiciones normales, los aparatos bien instalados expulsan ese gas al exterior mediante chimeneas o conductos de ventilación; el problema surge cuando esos sistemas fallan, se obstruyen o no reciben el mantenimiento adecuado.

Según la información de salud pública que divulgan de forma habitual organismos como los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), el gas actúa al ser inhalado: pasa a la sangre y desplaza al oxígeno que transportan los glóbulos rojos, lo que priva de oxígeno a órganos vitales como el cerebro y el corazón. Los síntomas más comunes son dolor de cabeza, mareo, debilidad, náuseas, vómitos, dolor en el pecho y confusión. Como se parecen a los de un resfriado o una gripe, pueden confundirse con otras dolencias, y las personas que duermen o están bajo los efectos del alcohol pueden perder la conciencia sin haber percibido ninguna señal de alarma.

El contexto ayuda a dimensionar el asunto. Los CDC han estimado en distintas ocasiones que, cada año, más de cuatrocientas personas mueren en el país por intoxicaciones accidentales con monóxido de carbono no relacionadas con incendios, y que decenas de miles acuden a urgencias por esta causa. Los episodios se concentran en los meses fríos, cuando se utilizan con mayor frecuencia calderas, estufas, chimeneas, calentadores de ambiente y generadores eléctricos, especialmente tras tormentas o cortes de suministro.

Entre las fuentes domésticas más habituales figuran las calderas y hornos de calefacción defectuosos, los calentadores de agua, las chimeneas con tiro obstruido, las estufas de gas y los vehículos que se dejan encendidos en garajes adjuntos a la vivienda, incluso con la puerta abierta. Los expertos también advierten contra prácticas peligrosas pero extendidas: usar el horno o los fogones de la cocina para calentar la casa, o emplear parrillas de carbón, estufas de campamento y generadores portátiles en interiores, sótanos, garajes o cerca de ventanas.

Las recomendaciones de prevención que reiteran las autoridades de seguridad son concretas. La primera es instalar detectores de monóxido de carbono en cada nivel de la vivienda y cerca de los dormitorios, comprobar su funcionamiento con regularidad y reemplazar las pilas o los aparatos según las indicaciones del fabricante. La segunda es solicitar a un técnico cualificado una revisión anual de la caldera, el calentador de agua y cualquier otro equipo que queme combustible. La tercera es verificar que chimeneas, conductos y salidas de ventilación estén despejados, también de nieve, hojas o nidos, que pueden bloquear la salida de los gases.

Si suena la alarma del detector o aparecen síntomas compatibles, la pauta general es salir de inmediato al aire libre, llamar al 911 desde fuera del inmueble y no volver a entrar hasta que los servicios de emergencia lo autoricen. Los centros de control de envenenamientos ofrecen además orientación gratuita las 24 horas en el 1-800-222-1222, un servicio que atiende en español. Los profesionales sanitarios recuerdan que los niños, las personas mayores, las embarazadas y quienes padecen enfermedades cardíacas o respiratorias son especialmente vulnerables a los efectos del gas.

Para la comunidad latina y venezolana en Estados Unidos, el tema tiene una relevancia práctica. Muchas familias residen en viviendas de alquiler, apartamentos compartidos o edificios antiguos, donde los sistemas de calefacción pueden tener más años de uso, y quienes llegaron recientemente de países de clima cálido pueden no estar familiarizados con el funcionamiento de estos equipos. En varias jurisdicciones, la normativa exige detectores de monóxido de carbono en las viviendas, incluidas las de alquiler, aunque los requisitos varían según el estado y la ciudad. Ante cualquier duda, los inquilinos pueden consultar con el arrendador, la administración del edificio o el departamento de bomberos local sobre las obligaciones vigentes y los recursos disponibles.

De cara a las próximas semanas, con el avance del frío y el mayor uso de sistemas de calefacción, los especialistas citados en este tipo de campañas insisten en que la revisión preventiva debe hacerse antes de que bajen más las temperaturas, no después. La información de Univision se enmarca en esa labor de divulgación, y los ciudadanos pueden acudir a los servicios de bomberos, a las compañías de suministro de gas y electricidad y a los organismos de salud pública de su localidad para obtener indicaciones específicas para su vivienda.

Fuente: Univision