Google ha superado un obstáculo clave en el camino hacia la computación cuántica, según informa el medio especializado BeInCrypto en una publicación difundida el 16 de octubre de 2026. El avance ha reabierto una pregunta recurrente en el ecosistema de los activos digitales: qué significaría esta tecnología para la seguridad de Bitcoin. El material de origen consultado recoge el planteamiento en su titular, pero no detalla las especificaciones técnicas del hito; por ello, este texto se limita a lo atribuido a esa fuente y al contexto de fondo conocido del sector.
La computación cuántica se apoya en los qubits, unidades de información que, a diferencia de los bits clásicos, pueden hallarse en una superposición de estados y entrelazarse entre sí. Esa propiedad permite, en teoría, resolver ciertos problemas con una rapidez inalcanzable para los ordenadores convencionales. Sin embargo, los qubits son extremadamente frágiles: el ruido, las vibraciones o la temperatura provocan errores que degradan los cálculos. Por esa razón, la corrección de errores figura desde hace años entre los grandes obstáculos de la disciplina. BeInCrypto no precisa, en el fragmento disponible, cuál es el escollo concreto que Google habría superado, de modo que conviene esperar la publicación de los detalles técnicos.
La compañía lleva más de una década invirtiendo en este campo a través de su división Google Quantum AI. En 2019 anunció que su procesador Sycamore había realizado un cálculo especializado en un tiempo que, según sus estimaciones, resultaba impracticable para un superordenador clásico, un resultado que otros investigadores debatieron. En diciembre de 2024 presentó el chip Willow, de 105 qubits, y publicó en la revista Nature resultados en los que la tasa de error disminuía al aumentar el número de qubits dedicados a codificar la información, un comportamiento descrito como «por debajo del umbral» y perseguido por la comunidad científica desde los años noventa.
La relación con Bitcoin se explica por su criptografía. La red utiliza firmas digitales basadas en curvas elípticas, en concreto en la curva secp256k1, mediante los esquemas ECDSA y, desde la actualización Taproot de 2021, también firmas Schnorr. Su seguridad descansa en que resulta inviable calcular una clave privada a partir de la clave pública correspondiente. El algoritmo de Shor, formulado en 1994, demostró que un ordenador cuántico suficientemente grande y fiable podría resolver ese tipo de problema matemático. La minería, basada en la función de resumen SHA-256, afronta un riesgo distinto: el algoritmo de Grover ofrece solo una aceleración cuadrática, no una ruptura completa.
Los especialistas coinciden en que la distancia entre los equipos actuales y una máquina capaz de amenazar estos sistemas sigue siendo considerable. Cada qubit lógico, estable y útil, exige muchos qubits físicos, y los dispositivos de hoy cuentan con cientos, no con millones. Un estudio de 2025 de investigadores de Google estimó que factorizar un número RSA de 2048 bits requeriría menos de un millón de qubits con ruido, una cifra muy inferior a las proyecciones anteriores, aunque ese trabajo se refería a RSA, un sistema distinto del de curvas elípticas, y la cifra continúa muy por encima de la capacidad actual.
Mientras tanto, la industria ya prepara la transición. En agosto de 2024, el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología de Estados Unidos (NIST) publicó sus tres primeros estándares de criptografía poscuántica, entre ellos los designados FIPS 203, 204 y 205. En la comunidad de Bitcoin se debaten propuestas para incorporar firmas resistentes a ataques cuánticos, un cambio que exigiría amplio consenso entre desarrolladores, mineros y usuarios, sin que exista un calendario único acordado. En teoría, las direcciones cuya clave pública ya es visible en la cadena de bloques serían las más expuestas, por lo que su gestión forma parte de esa discusión técnica.
Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, el asunto tiene relevancia práctica. Las criptomonedas y las monedas estables se emplean con frecuencia en envíos de dinero a familiares, como reserva de valor o como alternativa financiera en países con inestabilidad monetaria, entre ellos Venezuela. La fuente no indica que exista un riesgo inmediato para los fondos de los usuarios; el debate se sitúa en el horizonte tecnológico y regulatorio. Quienes poseen activos digitales pueden informarse a través de las comunicaciones de las plataformas y custodios que utilizan, así como de los organismos de estandarización.
En los próximos meses cabe esperar la publicación de los detalles técnicos del hito, su posible revisión por parte de otros investigadores y las hojas de ruta de las compañías del sector. También se prevé que continúen los trabajos del NIST y las discusiones dentro de la comunidad de desarrolladores de Bitcoin sobre la migración a criptografía poscuántica. La información aquí expuesta se atribuye a BeInCrypto; la responsabilidad sobre su exactitud corresponde a la fuente citada.
Fuente: BeInCrypto



