La UNESCO, el organismo de las Naciones Unidas para la educación, la ciencia y la cultura, indica que las brechas de género en la educación se reducen a escala mundial, si bien advierte de que persisten desafíos pendientes. El mensaje fue difundido el 8 de octubre de 2026. El material de origen disponible no detalla todas las cifras del análisis, por lo que este artículo se limita a lo atribuido a la organización y a información de contexto ampliamente conocida.

La afirmación es coherente con una tendencia observada durante las últimas décadas. La UNESCO, que recopila y publica estadísticas educativas a través de su Instituto de Estadística, suele medir la desigualdad mediante el índice de paridad de género, una razón entre la proporción de niñas y la de niños que participan en un nivel educativo determinado. Un valor cercano a uno indica paridad; por debajo, las niñas están en desventaja; por encima, lo están los niños. En numerosos países, la matrícula femenina en primaria y secundaria se ha acercado o ha alcanzado ese equilibrio.

El matiz que introduce la propia UNESCO, expresado en la conjunción «pero» de su encabezado, apunta a que el progreso no es homogéneo. Las diferencias persisten entre regiones, entre países con distintos niveles de ingreso y entre etapas educativas. En contextos de pobreza, factores como el matrimonio infantil, el embarazo adolescente, la distancia hasta los centros escolares, la falta de instalaciones sanitarias adecuadas o la violencia en el entorno educativo han limitado históricamente la permanencia de las niñas en el aula.

También hay situaciones en que la desventaja recae sobre los varones. En buena parte de los países de ingresos medios y altos, los chicos presentan con mayor frecuencia abandono escolar y rendimientos más bajos en lectura, mientras que las mujeres superan a los hombres en matrícula universitaria. Es el caso de varias economías de América Latina, donde la presencia femenina en la educación superior es mayoritaria desde hace años. A ello se suma un caso extremo y bien documentado: en Afganistán, las restricciones a la educación secundaria y superior de las niñas desde 2021 han sido objeto de reiteradas condenas de Naciones Unidas.

Los antecedentes de este seguimiento son conocidos. A comienzos de los años 2000, el movimiento Educación para Todos y los Objetivos de Desarrollo del Milenio situaron la paridad de género en la escuela primaria como meta internacional. En 2015, la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible amplió el compromiso: el Objetivo de Desarrollo Sostenible 4 busca una educación inclusiva, equitativa y de calidad, y una de sus metas persigue eliminar las disparidades de género en todos los niveles para 2030. El Objetivo 5, por su parte, se centra en la igualdad de género en un sentido más amplio. La UNESCO da seguimiento a estos compromisos, entre otros medios, con el Informe de Seguimiento de la Educación en el Mundo.

Más allá del acceso, los especialistas del sector señalan otras brechas que no siempre se reflejan en las tasas de matrícula. Las mujeres siguen estando subrepresentadas en las carreras de ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas, un asunto que la propia UNESCO ha documentado durante años. Asimismo, aunque las mujeres constituyen la mayoría del profesorado en la enseñanza primaria de muchos países, su presencia disminuye en los puestos directivos y en la docencia universitaria de mayor rango. La paridad en las aulas, por tanto, no equivale necesariamente a igualdad de oportunidades al finalizar los estudios.

Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, el tema resulta cercano. Datos de organismos educativos estadounidenses y de centros de investigación han mostrado en los últimos años que las mujeres hispanas se matriculan en la universidad en mayor proporción que los hombres hispanos, una dinámica que se parece a la observada en buena parte de América Latina. Al mismo tiempo, las familias migrantes enfrentan obstáculos propios, como el aprendizaje del inglés, la continuidad escolar tras un traslado o el acceso a información sobre becas y ayuda financiera, que afectan por igual a hijas e hijos.

Queda por conocerse el detalle de las cifras y de las recomendaciones que la UNESCO asocie a este diagnóstico, así como las regiones y los niveles educativos que el organismo identifique como prioritarios. Con la fecha límite de la Agenda 2030 cada vez más próxima, los informes y las estadísticas que publique la organización servirán para precisar cuánto terreno se ha ganado y qué metas continúan pendientes. Este artículo se basa en la información atribuida a la UNESCO; cualquier precisión adicional corresponde a la fuente oficial.

Fuente: UNESCO