Argentina alcanzó una producción de 35,1 millones de toneladas en el sector de nutrición animal durante 2026, según informó el portal especializado Bioeconomia.info. La cifra posiciona al país sudamericano entre los referentes globales de la industria de alimentos balanceados destinados a la ganadería, la avicultura, la acuicultura y otras actividades pecuarias de escala comercial.
De acuerdo con la fuente, el volumen registrado refleja el dinamismo de una cadena productiva que integra desde la formulación de raciones hasta la elaboración de suplementos proteicos y vitamínicos para distintas especies. La nutrición animal abarca no solo los alimentos compuestos para bovinos, porcinos y aves de corral, sino también los productos destinados a especies acuáticas y, en menor medida, a animales de compañía en el segmento industrial. Bioeconomia.info señala este resultado como un indicador del crecimiento sostenido del sector dentro de la economía agroindustrial argentina.
El desempeño del rubro está estrechamente vinculado a la disponibilidad de materias primas que Argentina produce en grandes cantidades, en particular la soja y el maíz. El país es uno de los mayores exportadores mundiales de harina y aceite de soja, subproductos que constituyen la base proteica de la mayoría de los alimentos balanceados. Esta integración vertical —desde la producción primaria de granos hasta la elaboración de nutrientes procesados— otorga a la industria local una ventaja competitiva en términos de costos y abastecimiento.
En términos de contexto regional e histórico, la industria argentina de nutrición animal ha experimentado una expansión constante durante las últimas dos décadas, impulsada tanto por la demanda interna —derivada del crecimiento de los sectores avícola y porcino— como por la exportación de productos terminados hacia mercados de América Latina, Asia y el sudeste asiático. Las cadenas avícola y porcina, en particular, dependen de manera crítica de la formulación precisa de dietas para maximizar la conversión alimenticia y reducir costos de producción por kilogramo de carne obtenido.
El sector forma parte de lo que instituciones como el Ministerio de Agricultura de Argentina han denominado bioeconomía: un modelo que busca generar valor agregado a partir de recursos biológicos renovables. Dentro de ese marco, la nutrición animal ocupa un lugar estratégico porque transforma granos y subproductos agroindustriales en proteína animal de alta eficiencia, con encadenamientos que van desde el campo hasta las plantas de procesamiento y los mercados de exportación. La capacidad instalada de la industria se distribuye principalmente en las provincias de Buenos Aires, Córdoba, Entre Ríos y Santa Fe, zonas que concentran tanto la producción granaria como los grandes complejos avícolas y ganaderos del país.
Para la comunidad latina en Estados Unidos, y en particular para quienes mantienen vínculos con cadenas de suministro alimentario de origen sudamericano, este dato tiene implicaciones prácticas. Una mayor producción de nutrición animal en Argentina puede incidir en la oferta global de proteínas de origen pecuario —carne de pollo, cerdo y vacuno— que llegan a los mercados estadounidenses a través de terceros países o de manera directa. Asimismo, el fortalecimiento de la bioeconomía argentina puede abrir oportunidades de inversión y cooperación técnica para empresas y emprendedores latinos vinculados al sector agroalimentario.
Según Bioeconomia.info, la expectativa del sector es mantener la tendencia de crecimiento en los próximos períodos, apoyada en la modernización tecnológica de las plantas de alimentos balanceados, la incorporación de aditivos de nueva generación y la adaptación de fórmulas a estándares internacionales de trazabilidad y sostenibilidad. Los actores de la industria seguirán de cerca la evolución de los mercados de materias primas y las condiciones de exportación como variables determinantes para el desempeño futuro del rubro.
Fuente: Bioeconomia



