Bután, el reino enclavado en el Himalaya entre India y China, se ha consolidado como uno de los destinos más singulares del planeta gracias a la conjunción de paisajes sin intervención humana significativa, una herencia cultural budista profundamente arraigada y un modelo de gobernanza orientado hacia la sostenibilidad ambiental, según informa Diario Las Américas.
El país es conocido por su concepto de Felicidad Nacional Bruta, una medida del bienestar que el gobierno butanés adoptó como alternativa al producto interno bruto convencional y que pondera variables como la conservación del medio ambiente, la vitalidad cultural y el buen gobierno. Este enfoque ha guiado decisiones de política pública durante décadas y ha posicionado a Bután como referente en debates sobre desarrollo humano.
En materia ambiental, la constitución butanesa obliga a mantener al menos el 60 % del territorio nacional cubierto de bosques. Actualmente, según datos citados por el medio, esa cifra supera el 70 %, lo que convierte al país en uno de los pocos del mundo con balance de carbono negativo, es decir, absorbe más dióxido de carbono del que emite.
El turismo, por su parte, opera bajo un modelo de acceso controlado. Los visitantes extranjeros deben abonar una tarifa diaria de sostenibilidad que financia servicios públicos y limita el flujo de turistas con el objetivo de reducir la presión sobre los ecosistemas y los sitios patrimoniales. Esta política ha generado debate entre quienes la consideran un instrumento eficaz de conservación y quienes señalan que restringe el acceso económico al país.
La combinación de fortalezas naturales, identidad cultural y marco normativo ambiental ha llevado a organizaciones internacionales a estudiar el caso butanés como posible referencia para otros países en vías de desarrollo que buscan equilibrar crecimiento económico y preservación ecológica, de acuerdo con lo señalado por Diario Las Américas.
Fuente: Diario Las Américas



