El portal Vietnam.vn publicó este mes un artículo que plantea una pregunta cada vez más frecuente en las ciudades: cómo deberían hacer ejercicio los adultos mayores con afecciones cardíacas y pulmonares cuando el aire está contaminado. El material de origen disponible se limita al título y al resumen de la publicación, por lo que los detalles concretos de sus recomendaciones deben consultarse en la fuente original. A continuación se ofrece el contexto de fondo, basado en las orientaciones que suelen difundir los organismos de salud pública.

La contaminación atmosférica es una mezcla de gases y partículas en suspensión. Entre los componentes más estudiados figuran las partículas finas conocidas como PM2.5, cuyo diámetro es inferior a 2,5 micrómetros y que pueden penetrar profundamente en los pulmones, así como el ozono a nivel del suelo y el dióxido de nitrógeno. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras instituciones sanitarias asocian la exposición prolongada a estos contaminantes con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares y respiratorias.

Los adultos mayores se consideran un grupo especialmente sensible. Con la edad, el sistema cardiovascular y el respiratorio pierden reserva funcional, y quienes ya padecen enfermedad coronaria, insuficiencia cardíaca, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) o asma pueden experimentar un empeoramiento de los síntomas cuando los niveles de contaminación aumentan. Por ello, las agencias sanitarias suelen incluirlos entre los «grupos sensibles» a los que se dirigen las alertas de calidad del aire.

Al mismo tiempo, la actividad física regular es una de las recomendaciones más sólidas de la medicina para este mismo colectivo. La OMS aconseja a los adultos mayores acumular entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada, complementada con ejercicios de fuerza y equilibrio, siempre adaptados a su estado de salud. El dilema surge porque, durante el esfuerzo, la respiración se vuelve más rápida y profunda, y a menudo se hace por la boca, lo que incrementa la cantidad de contaminantes que llegan a las vías respiratorias.

Para orientar las decisiones cotidianas, muchos países utilizan un índice de calidad del aire (ICA). En Estados Unidos, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) emplea una escala de 0 a 500 en la que los valores de 101 a 150 se califican como insalubres para los grupos sensibles. Las autoridades sanitarias suelen sugerir que, a partir de ese umbral, las personas con enfermedades cardíacas o pulmonares reduzcan los esfuerzos prolongados o intensos al aire libre y consideren alternativas bajo techo.

Entre las pautas generales que difunden organismos como la EPA, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y diversas asociaciones médicas se encuentran las siguientes: consultar con el médico un plan de ejercicio personalizado; revisar el índice de calidad del aire antes de salir; preferir espacios interiores, como centros comunitarios o gimnasios, en los días de aire deficiente; evitar las calles con mucho tráfico y las horas de mayor circulación; reducir la intensidad del ejercicio; y mantener al día la medicación prescrita. También recomiendan detener la actividad y buscar atención ante síntomas como dificultad para respirar, dolor u opresión en el pecho, mareo o tos persistente.

El problema no se limita a una región concreta. La OMS estima que la contaminación del aire contribuye cada año a millones de muertes prematuras en el mundo, y numerosas ciudades de Asia, África, Europa y América registran episodios de mala calidad del aire, ya sea por el tráfico, la industria, la calefacción o el humo de incendios forestales. En ese escenario, la cuestión de cómo conservar hábitos saludables sin aumentar los riesgos ha ganado espacio en la divulgación médica.

Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, el tema es pertinente en episodios de humo de incendios, de ozono estival o de contaminación asociada al tráfico en áreas metropolitanas. Los avisos oficiales de calidad del aire se publican en español en el portal AirNow.gov, y los centros de salud comunitarios pueden ofrecer orientación a los mayores que conviven con hipertensión, enfermedades cardíacas o respiratorias. Los especialistas insisten en que cada caso debe valorarse de forma individual con un profesional sanitario.

Quienes deseen conocer el enfoque específico del artículo pueden consultar directamente la publicación de Vietnam.vn. Esta redacción se limita a informar a partir de la fuente citada y del contexto de fondo disponible; la responsabilidad sobre el contenido original recae en el medio que lo difundió. Como paso práctico, las autoridades sanitarias recomiendan revisar a diario el índice de calidad del aire y plantear al médico de cabecera las adaptaciones necesarias en la rutina de ejercicio.

Fuente: Vietnam