El portal Justicia.ar, plataforma de información de la administración pública argentina, publicó con fecha del 16 de octubre un contenido titulado «Salud Laboral y Bienestar: Prevención del Síndrome de Burnout». El material, según su encabezado y su resumen, se centra en cómo anticiparse al desgaste profesional prolongado y en la importancia de cuidar la salud de las personas en su entorno de trabajo.

La información disponible de la publicación se limita a ese enfoque preventivo y al marco de la salud laboral y el bienestar. Por ello, este artículo atribuye a la fuente únicamente su tema y su orientación, y completa el cuadro con información de fondo de organismos y estudios ampliamente conocidos, sin añadir datos o cifras que la fuente no haya consignado.

El término «burnout», que en español suele traducirse como síndrome de desgaste profesional o de «estar quemado», describe una respuesta al estrés crónico vinculado al trabajo. La Organización Mundial de la Salud (OMS) lo incluyó en 2019 en la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE-11), vigente desde enero de 2022, y lo definió como un fenómeno ocupacional, no como una condición médica. Según esa definición, resulta del estrés laboral crónico que no se ha manejado con éxito y se caracteriza por tres dimensiones: sensación de agotamiento, distanciamiento mental o actitudes negativas hacia el empleo, y una menor eficacia profesional.

Los antecedentes del concepto se remontan a la década de 1970. El psicólogo estadounidense Herbert Freudenberger empleó la expresión en 1974 para describir el agotamiento que observaba en profesionales de servicios de salud y asistencia. Más tarde, la psicóloga Christina Maslach y sus colaboradores desarrollaron una de las herramientas de medición más utilizadas, el Maslach Burnout Inventory, que consolidó el estudio del fenómeno en ámbitos como la medicina, la docencia, la atención social y, con el tiempo, prácticamente todos los sectores productivos.

La literatura especializada y organismos como la OMS y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) coinciden en que la prevención no recae solo en el individuo. Entre los factores organizacionales que suelen señalarse figuran las cargas de trabajo excesivas, la falta de autonomía, la ambigüedad en las funciones, la escasez de reconocimiento y la dificultad para separar la vida profesional de la personal, un aspecto que se ha vuelto más visible con la expansión del trabajo remoto y la conectividad permanente. De ahí que las estrategias de prevención incluyan la revisión de la organización del trabajo, la definición clara de tareas, los descansos efectivos y el fomento de una comunicación abierta entre equipos y responsables.

En el plano personal, los especialistas suelen recomendar hábitos que refuercen la capacidad de recuperación: dormir lo suficiente, mantener la actividad física, cultivar vínculos sociales y establecer límites horarios. También subrayan que el burnout no equivale a una depresión, aunque ambos cuadros pueden coexistir y compartir síntomas como la fatiga, la irritabilidad o los problemas de concentración. Ante malestar persistente, la orientación general es acudir a un profesional de la salud para una valoración adecuada.

Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, el tema tiene una relevancia particular. Muchas personas inmigrantes trabajan en sectores de alta exigencia física y emocional, con jornadas prolongadas, turnos variables o más de un empleo, y a menudo con menos acceso a cobertura médica o a servicios de salud mental en su idioma. Algunas empresas ofrecen programas de asistencia al empleado, que brindan orientación psicológica confidencial, y existen recursos públicos como la línea 988 de Prevención del Suicidio y Crisis, que atiende también en español. Conocer estas opciones puede facilitar la búsqueda de apoyo cuando el desgaste se prolonga.

Aunque la publicación de Justicia.ar se origina en Argentina, el debate sobre la salud mental en el trabajo es transversal en América Latina y en el mundo. En los últimos años, distintos países han discutido protocolos de prevención de riesgos psicosociales, entre ellos el estrés laboral, y han impulsado campañas de sensibilización dirigidas a empleadores y trabajadores. Quienes deseen conocer el alcance exacto de las recomendaciones del portal pueden consultar directamente el texto original, que constituye la fuente de la información atribuida en esta nota y de cuya exactitud es responsable.

Fuente: Justicia