La economía de Venezuela crecería un 6,5 % durante el tercer trimestre de 2026, según una proyección atribuida a Delcy Rodríguez y recogida por el medio El Economista el 8 de octubre. La cifra corresponde a una estimación de la dirigente venezolana y no a un balance estadístico cerrado, y apunta a la continuidad de la recuperación de la actividad económica del país.
El material publicado por El Economista presenta el dato como una expectativa de crecimiento para el período. La información disponible no detalla la metodología empleada, los sectores que impulsarían la expansión ni si la comparación se realiza frente al mismo trimestre del año anterior o respecto al trimestre inmediatamente previo. La distinción es relevante, pues las cifras interanuales y las trimestrales ofrecen lecturas distintas de una misma realidad. Tampoco se precisa si el Banco Central de Venezuela ha publicado ya datos que respalden la estimación.
Para entender el alcance del anuncio conviene recordar el punto de partida. Entre 2013 y 2020 la economía venezolana sufrió una de las contracciones más profundas registradas en la región en tiempos sin conflicto armado: diversos organismos y analistas estimaron una caída acumulada del producto interno bruto de en torno a las tres cuartas partes. Aquel retroceso vino acompañado de una hiperinflación que alcanzó su punto más grave hacia 2018, de un desplome de la producción petrolera y de una emigración masiva de ciudadanos.
Desde 2021, la actividad ha mostrado señales de recuperación, favorecida por una dolarización de hecho de las transacciones cotidianas, la flexibilización de controles de precios y de cambio y un cierto repunte de la inversión privada en sectores como el comercio y los servicios. Organismos internacionales han publicado en años recientes estimaciones de crecimiento positivo para el país. No obstante, economistas independientes han señalado de forma recurrente que buena parte de la expansión parte de una base muy baja, de modo que porcentajes elevados no equivalen necesariamente a una recuperación de los niveles previos a la crisis.
El petróleo continúa siendo el eje de las cuentas externas venezolanas. La producción de crudo, que superó los tres millones de barriles diarios a comienzos de la década de 2010, se redujo a una fracción de esa cifra en los años posteriores, y su evolución depende de factores como la inversión, el estado de la infraestructura y el marco de sanciones internacionales impuestas por Estados Unidos y otros países. Los cambios en las licencias y autorizaciones concedidas a empresas extranjeras han influido, en distintos momentos, en el ritmo de las exportaciones.
Otro elemento que condiciona la lectura de cualquier proyección es el poder adquisitivo. Aunque la inflación se ha moderado respecto de los picos de la hiperinflación, ha seguido figurando entre las más elevadas de América Latina según estimaciones de organismos internacionales, y los salarios del sector público, expresados en dólares, permanecen bajos. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo ha sido, además, un factor de presión sobre los precios. Por ello, el crecimiento agregado del PIB no siempre se traduce de manera uniforme en el bienestar de los hogares.
Para la comunidad venezolana en Estados Unidos, estas cifras tienen una dimensión práctica. Según la Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V), vinculada a Naciones Unidas, más de siete millones de venezolanos han salido del país en la última década, y una parte significativa reside en territorio estadounidense, especialmente en estados como Florida y Texas. Muchos envían remesas a sus familiares, de modo que la evolución del empleo, los precios y la actividad económica en origen incide en sus decisiones de apoyo económico, de inversión en propiedades o negocios y, en algunos casos, en la consideración de un eventual retorno.
Las proyecciones oficiales suelen contrastarse con las de organismos multilaterales, como el Fondo Monetario Internacional, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Banco Mundial, así como con las de consultoras privadas y centros universitarios. Sin embargo, la disponibilidad de estadísticas oficiales ha sido irregular en los últimos años, lo que complica la verificación independiente de los datos y alimenta el debate entre especialistas sobre la magnitud real de la recuperación.
Según lo recogido por El Economista, el crecimiento de 6,5 % corresponde al tercer trimestre. Para confirmar la cifra habrá que esperar a la publicación de los datos definitivos del Banco Central de Venezuela y a los informes que difundan los organismos internacionales. La información aquí presentada se atribuye a la fuente citada, a la que corresponde la responsabilidad sobre su exactitud.
Fuente: El Economista



