Un estudio difundido por el diario El Universal indica que el 69 % de los venezolanos prefiere que el bolívar se consolide como la moneda nacional. El dato, que equivale a casi siete de cada diez personas consultadas, fue divulgado a mediados de octubre de 2026 y reabre la conversación sobre el papel de la divisa local en una economía donde las transacciones en moneda extranjera forman parte de la vida cotidiana.

Según el resumen publicado por el medio, la preferencia mayoritaria se inclina por fortalecer el uso del bolívar frente a otras alternativas monetarias. El material disponible no detalla la entidad responsable del sondeo, el tamaño de la muestra, el margen de error ni las opciones que eligió el 31 % restante, por lo que conviene aguardar la publicación completa de la metodología para valorar el alcance exacto de la cifra.

Para entender el resultado resulta útil repasar la trayectoria reciente de la moneda. Venezuela mantuvo durante buena parte de este siglo un sistema de control de cambios, instaurado en 2003, que fijó tipos de cambio oficiales y restringió el acceso a divisas. En paralelo, el país ha realizado tres reconversiones monetarias: en 2008 se eliminaron tres ceros y nació el bolívar fuerte; en 2018 se suprimieron cinco ceros con el bolívar soberano; y en octubre de 2021 se retiraron seis ceros más con el llamado bolívar digital.

Esas reformas respondieron a un proceso inflacionario prolongado que, a partir de 2017, derivó en hiperinflación según los criterios habituales de los organismos económicos. La pérdida acelerada de poder adquisitivo erosionó la función del bolívar como reserva de valor y como unidad de cuenta, algo que llevó a numerosos comercios y hogares a fijar precios y ahorros en dólares estadounidenses.

Ese fenómeno, conocido como dolarización de facto, se consolidó después de 2019, cuando se flexibilizaron algunos controles cambiarios y se toleró el uso generalizado de divisas en el comercio. Desde entonces, bolívares y dólares coexisten en los pagos diarios, mientras el Banco Central de Venezuela (BCV) publica un tipo de cambio oficial de referencia. Esa convivencia genera con frecuencia diferencias entre la tasa oficial y los precios efectivos que enfrentan los consumidores.

La literatura económica suele coincidir en que consolidar una moneda nacional exige condiciones que van más allá de la preferencia ciudadana: estabilidad sostenida de precios, credibilidad de la autoridad monetaria, disponibilidad de reservas internacionales y confianza en los instrumentos de pago y ahorro denominados en esa divisa. En ese sentido, un respaldo social amplio, como el que apunta el estudio, se considera un factor relevante, aunque no suficiente por sí solo.

El asunto también interesa a la comunidad venezolana en Estados Unidos y en el resto del mundo. La Plataforma de Coordinación para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V) estima que más de 7,7 millones de venezolanos viven fuera del país, y una parte significativa mantiene vínculos económicos con sus familias mediante remesas, pagos de servicios y compras a distancia. Para estos hogares, el comportamiento del bolívar, el tipo de cambio y el grado de uso del dólar dentro de Venezuela influyen en el valor real de cada envío y en la forma de planificar el apoyo a sus allegados.

Queda por conocerse la documentación completa del estudio, que permitiría precisar quién lo realizó, a quiénes se consultó y cómo se formularon las preguntas. Entretanto, los indicadores que publica el BCV, como el tipo de cambio de referencia y las cifras de inflación, seguirán siendo la fuente oficial para seguir la evolución de la moneda. La información aquí recogida se atribuye a El Universal, medio que difundió el estudio.

Fuente: EL UNIVERSAL