El elevado costo de la vida está obligando a numerosas familias a replantear sus finanzas cotidianas: recortan gastos, recurren a sus ahorros y posponen la atención médica, según un reportaje difundido por la cadena Univision. El planteamiento describe una situación que afecta a hogares de Estados Unidos, incluidos los de la comunidad hispana, y que se repite en distintos niveles de ingreso.

Conviene precisar que el material disponible de la publicación se limita a ese planteamiento general, por lo que LATIVA NEWS no reproduce cifras ni testimonios que no figuren en la fuente. Los tres comportamientos que identifica Univision —reducir el gasto, echar mano de las reservas y retrasar consultas— coinciden con las estrategias que suelen describir economistas y organizaciones de consumo cuando los precios aumentan con más rapidez que los ingresos.

El recorte de gastos acostumbra a comenzar por lo prescindible, como el ocio, las salidas a restaurantes o las suscripciones, y puede extenderse después a rubros más sensibles, como la compra de alimentos, donde muchas familias optan por marcas más económicas o por cantidades menores. El uso de los ahorros, por su parte, implica destinar a los gastos corrientes un dinero que normalmente se reserva para imprevistos, lo que reduce el margen de maniobra ante una emergencia, como una reparación del vehículo o una pérdida de empleo.

La tercera medida, posponer la atención médica, tiene un carácter distinto porque sus efectos pueden manifestarse a más largo plazo. El sistema sanitario estadounidense combina seguros privados, programas públicos como Medicare y Medicaid, y costos que recaen directamente en el paciente, entre ellos las primas, los deducibles y los copagos. Diversas encuestas de organizaciones dedicadas al análisis de la política sanitaria han documentado en los últimos años que una parte de los adultos retrasa o evita consultas, pruebas o tratamientos por motivos económicos. Los especialistas advierten con frecuencia de que aplazar controles preventivos puede traducirse en diagnósticos más tardíos y, en ocasiones, en tratamientos más complejos.

Para entender el fenómeno es útil recordar los antecedentes. Tras la pandemia de COVID-19, la inflación en Estados Unidos se aceleró en 2021 y 2022 hasta niveles que no se veían desde hacía décadas. La Reserva Federal respondió con una serie de alzas de las tasas de interés, lo que encareció también los préstamos, las tarjetas de crédito y las hipotecas. Aunque el ritmo de aumento de los precios se moderó con posterioridad, el nivel general de precios quedó por encima del que existía antes de ese periodo, y rubros como la vivienda, los alimentos, los seguros y los servicios siguen pesando de forma notable en el presupuesto familiar. Los analistas distinguen precisamente entre ambos conceptos: que la inflación baje no equivale a que los precios retrocedan.

Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, este escenario presenta rasgos particulares. Muchas familias destinan una proporción considerable de sus ingresos a la vivienda y a la alimentación, y buena parte trabaja en sectores con ingresos variables o sin beneficios de salud asociados al empleo. A ello se suma que, históricamente, la población hispana ha registrado tasas de personas sin seguro médico superiores al promedio nacional, según datos de la Oficina del Censo. Además, quienes envían dinero a familiares en Venezuela u otros países de origen pueden contar con un margen aún más estrecho cuando suben los costos locales.

Existen recursos que pueden aliviar parte de esa presión. Los centros de salud comunitarios, financiados en parte con fondos federales, ofrecen atención primaria con tarifas ajustadas a los ingresos, independientemente de la situación aseguradora. Asimismo, organizaciones sin fines de lucro brindan asesoría gratuita o de bajo costo sobre presupuesto, deudas y crédito, y los bancos de alimentos operan en numerosas ciudades. Cada hogar debe verificar los requisitos de elegibilidad de estos servicios, que varían según el estado y la situación migratoria.

En cuanto a lo que cabe esperar, la fuente no detalla medidas concretas ni plazos. La evolución del problema suele seguirse a través de los informes mensuales de precios al consumidor que publica la Oficina de Estadísticas Laborales y de las decisiones de política monetaria de la Reserva Federal, indicadores que ofrecen una referencia oficial sobre el rumbo de los precios y del costo del crédito en los próximos meses.

Fuente: Univision