El turismo de golf amplía su presencia más allá de los mercados que históricamente lo han concentrado, de acuerdo con un reporte difundido el 8 de octubre de 2026 por Caribbean News Digital. El encabezado de la publicación apunta a que nuevos destinos, situados fuera de los circuitos clásicos, ganan espacio en la oferta dirigida a los aficionados que viajan con el propósito de practicar este deporte.

En el material disponible de la fuente no constan cifras detalladas, nombres de campos concretos ni declaraciones de autoridades o empresarios del sector. Por esa razón, este artículo se limita a lo que el propio titular establece, que es la ampliación geográfica del turismo de golf, y lo complementa con información de contexto de carácter general y ampliamente conocida sobre la actividad.

Durante décadas, el viaje por golf se ha articulado en torno a unos pocos polos de referencia. Escocia, considerada la cuna del golf moderno y sede de St Andrews, e Irlanda figuran entre los destinos más emblemáticos de Europa. En el mismo continente, el Algarve portugués y la Costa del Sol española consolidaron una amplia oferta de campos vinculada al turismo residencial y vacacional. En Estados Unidos, estados como Florida, Carolina del Sur, Arizona o California concentran una parte sustancial de los recorridos más conocidos, apoyados en una larga tradición deportiva y en una infraestructura hotelera muy desarrollada.

Este segmento despierta interés entre los gestores turísticos por sus características particulares. Quien viaja para jugar al golf suele planificar estancias de varios días, combina la práctica deportiva con alojamiento, gastronomía y otras actividades de ocio, y con frecuencia repite destino si la experiencia resulta satisfactoria. Según suele señalar la propia industria, estas particularidades convierten al golf en un nicho con capacidad de generar ingresos estables a lo largo del año, especialmente cuando los campos se integran en complejos turísticos más amplios.

El Caribe y Latinoamérica llevan años desarrollando una propuesta propia en este terreno. República Dominicana cuenta con uno de los casos más reconocidos de la región: el complejo de Casa de Campo, en La Romana, cuyo campo Teeth of the Dog fue diseñado por el arquitecto Pete Dye, y la zona de Punta Cana, donde varios campos se integran en grandes desarrollos hoteleros. México, con enclaves como Los Cabos y la Riviera Maya, y países como Costa Rica, Panamá, Puerto Rico, Bahamas o Jamaica, también han incorporado recorridos a su oferta. Un atractivo común es el clima, que permite jugar durante la temporada invernal del hemisferio norte, cuando en buena parte de Europa y de Norteamérica las condiciones resultan menos favorables.

La expansión de este tipo de turismo plantea, además, desafíos de gestión que forman parte del debate del sector. El mantenimiento de un campo exige un consumo considerable de agua y de terreno, lo que ha impulsado en diversos lugares prácticas como el riego con aguas recicladas, el uso de especies de césped más resistentes y las certificaciones de sostenibilidad. En el Caribe, además, la exposición a fenómenos meteorológicos como los huracanes obliga a planificar con especial cuidado la infraestructura y la continuidad de las operaciones.

El interés por el golf, por otra parte, ha mostrado un recorrido internacional más amplio en los últimos años. El deporte regresó al programa olímpico en los Juegos de Río de Janeiro 2016, tras más de un siglo de ausencia, un hecho que contribuyó a ponerlo en el radar de nuevas audiencias en América Latina. Durante la pandemia de 2020, además, numerosos campos de Estados Unidos registraron un aumento de la actividad, al tratarse de una disciplina al aire libre que facilitaba el distanciamiento.

Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, el fenómeno tiene varias lecturas posibles. Regiones como el sur de Florida, donde reside una numerosa población de origen latinoamericano, cuentan con una amplia oferta de campos y con conexiones aéreas frecuentes hacia el Caribe y América Latina, lo que facilita tanto el viaje de ocio como las escapadas deportivas. A ello se suma que la hostelería, el mantenimiento de instalaciones y los servicios asociados a estos complejos constituyen una fuente de empleo en la que participan profesionales de origen latino, tanto en territorio estadounidense como en los destinos emergentes.

Para valorar el alcance real de esta expansión, será necesario atender a los datos que publiquen los organismos de turismo, los operadores especializados y los propios complejos, que permitirán precisar qué destinos crecen, a qué ritmo y con qué inversiones. Mientras tanto, la referencia informativa de este texto es el reporte de Caribbean News Digital, a cuya responsabilidad queda el contenido original de la noticia.

Fuente: Caribbean News Digital