Entrenar en el punto de transición entre la zona de esfuerzo moderado y la zona de esfuerzo medio-alto podría ser la clave para maximizar los beneficios del ejercicio sobre el cerebro, de acuerdo con información publicada por la revista Men's Health.

Según el medio especializado, los expertos consultados distinguen las llamadas «zonas de entrenamiento», rangos de intensidad definidos por la frecuencia cardíaca o el esfuerzo percibido. La zona 2 corresponde a un ritmo aeróbico sostenido y conversacional, mientras que la zona 3 implica un esfuerzo más elevado en el que mantener una conversación resulta difícil. Es precisamente en el límite entre ambas donde, de acuerdo con las fuentes citadas por la publicación, se producen los mayores efectos positivos sobre la función cognitiva.

La revista indica que este nivel de intensidad estimularía procesos neurológicos asociados a la plasticidad cerebral, es decir, la capacidad del cerebro para adaptarse y generar nuevas conexiones. Entre los mecanismos mencionados se encuentran la mayor liberación de factores neurotróficos, proteínas que favorecen el crecimiento y la supervivencia de las neuronas.

Desde una perspectiva práctica, Men's Health señala que alcanzar ese umbral no requiere sesiones de alta intensidad prolongadas. Actividades como el ciclismo, la carrera continua o la natación realizadas con una intensidad moderadamente elevada —aquella en la que la respiración se acelera pero aún es controlable— permitirían situarse en esa franja de mayor beneficio cognitivo.

Los especialistas citados por la publicación subrayan que la regularidad resulta determinante: la constancia en el entrenamiento sería tan importante como la intensidad elegida para obtener resultados sostenidos en la salud cerebral a largo plazo.

Fuente: Men's Health