La plataforma de información médica Univadis planteó el 8 de octubre de 2026 una cuestión de interés para la salud pública: si adoptar un estilo de vida saludable se asocia con un menor riesgo de desarrollar 13 tipos de cáncer. El material de origen se presenta como una pregunta y, en el resumen disponible, no detalla el diseño del trabajo, la población analizada ni los porcentajes de reducción del riesgo. Por ello, LATIVA NEWS no atribuye a la fuente cifras ni conclusiones que esta no ofrece en el texto consultado.

Univadis es un portal dirigido principalmente a profesionales sanitarios, que suele resumir investigaciones, guías clínicas y novedades científicas. El enfoque de su publicación se inscribe en una línea de investigación consolidada: desde hace décadas, la epidemiología del cáncer estudia hasta qué punto los hábitos cotidianos modifican la probabilidad de enfermar, y cómo se combinan con factores que no dependen de la persona, como la edad o la herencia genética.

Entre los factores de riesgo modificables, las organizaciones sanitarias internacionales señalan con mayor frecuencia el consumo de tabaco, el consumo de alcohol, el sobrepeso y la obesidad, la inactividad física, una alimentación poco equilibrada y la exposición excesiva a la radiación solar. La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, dependiente de la Organización Mundial de la Salud, clasifica tanto el tabaco como las bebidas alcohólicas en su grupo de agentes con evidencia suficiente de carcinogenicidad en humanos. Por su parte, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos han indicado que el sobrepeso y la obesidad se asocian con 13 tipos de cáncer, aunque el resumen de Univadis no precisa si su planteamiento se refiere a ese mismo conjunto de tumores.

La magnitud del margen de prevención ha sido objeto de cuantificación. Un análisis de la Sociedad Americana del Cáncer, difundido en 2024, estimó que cerca del 40 % de los casos de cáncer diagnosticados en adultos en Estados Unidos podían atribuirse a factores de riesgo modificables. Esa cifra no implica que cada diagnóstico pueda evitarse, pero ilustra que una parte considerable de la carga de la enfermedad está vinculada a conductas y entornos sobre los que se puede actuar.

Las recomendaciones de prevención más repetidas por las autoridades sanitarias son coincidentes: no fumar, limitar o evitar el alcohol, mantener un peso saludable, practicar actividad física con regularidad y seguir una dieta rica en verduras, frutas, legumbres y cereales integrales, con un consumo reducido de carnes procesadas. Las guías de la OMS y las de actividad física de Estados Unidos sugieren, para los adultos, al menos 150 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada. A ello se suman medidas como la protección solar, la vacunación contra el virus del papiloma humano y la hepatitis B, y la participación en los programas de detección temprana.

Los especialistas también advierten de los límites de este tipo de hallazgos. Muchos estudios sobre hábitos de vida son observacionales: identifican asociaciones entre conductas y menor incidencia de la enfermedad, pero no siempre permiten establecer causalidad directa, y pueden verse influidos por otros factores, como el nivel socioeconómico o el acceso a la atención médica. Un estilo de vida saludable puede reducir el riesgo, pero no lo elimina, de modo que los controles médicos periódicos mantienen su importancia.

Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, el asunto tiene una relevancia particular. Según la Sociedad Americana del Cáncer, esta enfermedad es la principal causa de muerte entre los hispanos y latinos del país, y su población presenta tasas más elevadas de ciertos tumores, como los de estómago, hígado y cuello uterino, varios de ellos relacionados con infecciones prevenibles o tratables. Las barreras de acceso, como la falta de cobertura sanitaria, las dificultades con el idioma o el temor a los costos, pueden retrasar tanto la prevención como el diagnóstico. Los centros de salud comunitarios y los programas públicos de cribado figuran entre los recursos disponibles para quienes carecen de seguro médico.

Quienes deseen conocer los detalles del planteamiento pueden consultar el artículo original en Univadis, donde se podrá precisar el alcance de los datos. Mientras tanto, las autoridades sanitarias recomiendan que cualquier decisión sobre hábitos, pruebas de detección o factores de riesgo personales se consulte con un profesional de la salud, que podrá valorar los antecedentes individuales y familiares de cada paciente.

Fuente: Univadis