La convivencia con mascotas contribuye al bienestar emocional y a la actividad física de las personas mayores, según un artículo publicado a mediados de octubre de 2026 por Geriatricarea, medio especializado en el sector sociosanitario y en la atención a la tercera edad. El texto se suma a un debate cada vez más presente en la geriatría: cómo la compañía de un animal puede influir en la calidad de vida durante el envejecimiento.

De acuerdo con el planteamiento que recoge la publicación, tener un perro, un gato u otro animal de compañía aporta a los mayores una rutina diaria, un motivo para levantarse cada mañana y una fuente constante de afecto. En el plano físico, las tareas asociadas al cuidado del animal, como alimentarlo, cepillarlo o sacarlo a pasear, favorecen que la persona se mantenga en movimiento de forma regular y con un propósito concreto.

Este enfoque conecta con una preocupación de alcance global. En 2023, el cirujano general de Estados Unidos publicó un informe en el que describió la soledad y el aislamiento social como un problema de salud pública, con efectos posibles sobre el bienestar mental y físico de la población, y en particular de los adultos mayores. En esa franja de edad, la viudez, la jubilación, la pérdida de movilidad o la distancia respecto de los familiares pueden reducir las ocasiones de contacto social cotidiano.

La investigación científica lleva décadas explorando el vínculo entre las personas y los animales. En 2013, la Asociación Estadounidense del Corazón publicó una declaración científica en la que concluyó que la tenencia de mascotas, en especial de perros, se asociaba probablemente con un menor riesgo cardiovascular, en parte por el aumento de la actividad física. Desde entonces, centros universitarios e instituciones como los Institutos Nacionales de Salud de EE. UU. han respaldado estudios sobre la interacción entre humanos y animales, con resultados que apuntan a beneficios en el estado de ánimo y en la sensación de compañía.

Con todo, los propios especialistas suelen subrayar que buena parte de los trabajos son observacionales, es decir, detectan asociaciones pero no siempre pueden establecer una relación de causa y efecto. Además, una mascota no sustituye el contacto con familiares, amigos ni los servicios de apoyo comunitario; se entiende como un complemento dentro de una red de cuidados más amplia.

En el ámbito institucional, numerosas residencias, centros de día y hospitales han incorporado programas de terapia asistida con animales, en los que perros adiestrados y profesionales acompañan sesiones con los residentes. Estas iniciativas exigen protocolos de higiene, controles veterinarios y evaluación de posibles alergias o riesgos, de modo que el contacto con los animales resulte seguro tanto para las personas como para los propios animales.

La decisión de adoptar una mascota en la vejez también implica responsabilidades. Entre los factores que suelen valorarse figuran los gastos veterinarios y de alimentación, el nivel de movilidad de la persona, el riesgo de tropiezos y caídas durante los paseos, y la existencia de un plan de cuidado para el animal si su dueño enfrenta una enfermedad o una hospitalización. Algunos refugios y organizaciones de protección animal ofrecen programas que facilitan la adopción de animales adultos, de temperamento tranquilo, para personas mayores.

Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, el tema tiene una lectura particular. Muchos adultos mayores migrantes viven lejos de sus familiares, se enfrentan a barreras idiomáticas o cuentan con redes de apoyo reducidas en su nuevo entorno. En ese contexto, la compañía de un animal puede ser un apoyo cotidiano, aunque la fuente no aporta datos específicos sobre esta población. Centros comunitarios, clínicas veterinarias de bajo costo y organizaciones locales suelen ofrecer orientación en español sobre cuidados, vacunas y adopción responsable.

Geriatricarea no anuncia, en el material disponible, nuevas medidas ni programas concretos derivados de este planteamiento. Lo previsible es que la investigación sobre envejecimiento y compañía animal continúe y que los profesionales de la salud y la veterinaria sigan aconsejando evaluar cada caso de forma individual antes de incorporar un animal al hogar de una persona mayor.

Fuente: Geriatricarea