México ha subrayado «avances» en el diálogo con Estados Unidos dentro del proceso de revisión del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), después de que se planteara una propuesta de acuerdo bilateral, según informó el medio Washington Hispanic en una nota difundida el martes 13 de octubre de 2026. La información procede de esa publicación; LATIVA NEWS se limita a atribuir lo que la fuente recoge y a ofrecer el contexto necesario para comprenderlo.
El material de origen resume la posición mexicana en un término concreto, «avances», y vincula esa valoración con la aparición de una propuesta de pacto entre ambos países. Los detalles de lo planteado, como los sectores comprendidos, los plazos previstos o las contrapartidas que se discuten, no figuran en el texto consultado, por lo que no es posible confirmarlos en este momento. Corresponde a los gobiernos de ambos países precisar el alcance de las conversaciones.
Para entender la relevancia de la noticia conviene recordar que el T-MEC entró en vigor el 1 de julio de 2020 y sustituyó al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), vigente desde 1994. El nuevo acuerdo mantuvo la base de libre comercio entre las tres economías, pero actualizó capítulos como el comercio digital, la propiedad intelectual, las normas laborales y las reglas de origen en el sector automotriz. En ese ámbito se fijaron requisitos de contenido regional más exigentes y se introdujo la obligación de que una parte de la producción de cada vehículo se realice con salarios más elevados.
El propio tratado prevé un mecanismo de revisión. Su artículo 34.7 establece que, al cumplirse seis años de su entrada en vigor, las tres partes se reúnan para una revisión conjunta y confirmen por escrito si desean prorrogar la vigencia del pacto por otros dieciséis años. Si alguna de ellas no lo hace, se abren revisiones anuales, y el acuerdo concluiría en 2036 si no se logra una extensión. Por ello, el proceso en curso no es un trámite menor: define la previsibilidad jurídica con la que operan empresas, inversionistas y trabajadores de la región.
La revisión se desarrolla, además, en un contexto de relaciones comerciales intensas y, en ocasiones, tensas. En los últimos años, Washington ha aplicado aranceles a determinados productos, como el acero, el aluminio o ciertos vehículos, y sus socios han buscado exenciones y acuerdos para amortiguar el efecto sobre sus exportaciones. Entre los asuntos que han figurado de manera recurrente en el debate sobre el tratado se cuentan las reglas de origen, la protección laboral, las políticas energéticas, los mecanismos de solución de controversias y la dependencia de insumos procedentes de terceros países.
Una propuesta de pacto bilateral introduce, asimismo, una cuestión de diseño institucional: el T-MEC es un acuerdo de tres partes, y Canadá es el tercer socio de esa arquitectura. El texto de Washington Hispanic no aclara cómo se articularía un entendimiento entre México y Estados Unidos con el marco trilateral vigente ni qué papel tendría Ottawa en el proceso. Se trata de un aspecto que, de acuerdo con los procedimientos del propio tratado, requerirá definiciones por parte de los tres gobiernos.
Para la comunidad hispana en Estados Unidos, el desenlace de la revisión tiene implicaciones prácticas. Las personas de origen mexicano constituyen el mayor grupo dentro de la población latina del país, y numerosas cadenas de suministro en la agricultura, la manufactura, el transporte y la logística dependen del comercio entre ambos vecinos. Los acuerdos que faciliten o encarezcan ese intercambio pueden influir en el empleo, en los precios de ciertos bienes de consumo y en la actividad de pequeños negocios con vínculos transfronterizos. Aunque Venezuela no forma parte del tratado, las familias venezolanas y de otros países latinoamericanos asentadas en Estados Unidos participan de esa misma economía como trabajadores, consumidores y emprendedores.
En cuanto a los próximos pasos, la fuente no detalla un calendario específico. Lo previsible, conforme al mecanismo de revisión, es que continúen las reuniones entre los equipos negociadores y que los gobiernos informen de los avances a través de sus canales oficiales, como la Secretaría de Economía de México y la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos (USTR). Será en esos comunicados donde se confirme el contenido de la propuesta bilateral y el alcance real de los progresos que México ha destacado.
Fuente: Washington Hispanic



