La entrenadora de bienestar Nicola Jones sostiene que, a partir de los 50 años, incorporar planchas a la rutina de ejercicio ayuda a fortalecer el abdomen, evitar la acumulación de grasa y mejorar el equilibrio. Así lo recoge la revista Telva en un contenido difundido el 8 de octubre de 2026, en el que la especialista defiende este ejercicio sencillo como herramienta para conservar la forma física durante la madurez.
La declaración atribuida a Jones resume su recomendación en tres beneficios concretos: un abdomen más firme, un menor depósito de grasa y una mejora de la estabilidad corporal. El material de origen, que se limita a ese planteamiento, no detalla protocolos, tiempos ni estudios propios, por lo que el resto de la información que se ofrece a continuación corresponde a contexto general sobre el ejercicio y el envejecimiento, y no a afirmaciones de la entrenadora.
La plancha consiste en mantener el cuerpo en posición horizontal, apoyado sobre los antebrazos o las manos y sobre las puntas de los pies, con la espalda alineada y el abdomen activado durante un tiempo determinado. Se trata de un ejercicio isométrico: los músculos trabajan en tensión sin que las articulaciones realicen un movimiento amplio. Aunque se asocia con el abdomen, involucra también los oblicuos, el transverso del abdomen, la musculatura lumbar, los glúteos y los hombros, es decir, el conjunto de estructuras que conforman el llamado «núcleo» o core del cuerpo.
El interés por este tipo de ejercicio en la madurez se explica, en parte, por los cambios fisiológicos que acompañan al paso del tiempo. Diversas sociedades médicas y organismos de salud pública coinciden en que, a partir de la mediana edad, la masa muscular tiende a disminuir de forma gradual si no se entrena, un proceso conocido como sarcopenia cuando alcanza cierta magnitud. En el caso de las mujeres, la menopausia suele venir acompañada de cambios hormonales que se relacionan con una mayor tendencia a acumular grasa en la zona abdominal. Mantener la musculatura activa se considera, por tanto, una de las estrategias más habituales para sostener el metabolismo y la autonomía funcional.
Respecto al equilibrio, los músculos del tronco desempeñan un papel central en la estabilidad al caminar, subir escaleras o corregir un traspié. Las caídas figuran entre las principales causas de lesiones en personas mayores, según organismos como la Organización Mundial de la Salud y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Por ello, los programas de prevención suelen combinar el fortalecimiento muscular con ejercicios específicos de equilibrio, y los ejercicios de estabilización del tronco forman parte habitual de esas propuestas.
Conviene, no obstante, matizar el alcance del ejercicio. Los especialistas en fisiología del deporte recuerdan que no es posible eliminar la grasa de una zona concreta del cuerpo solo trabajando esa zona; la reducción de la grasa abdominal depende del conjunto de hábitos, como la alimentación, el descanso y la actividad aeróbica regular. En esa línea, la OMS recomienda que los adultos acumulen entre 150 y 300 minutos semanales de actividad aeróbica de intensidad moderada y realicen actividades de fortalecimiento muscular al menos dos días por semana. La plancha encaja dentro de este segundo componente, y no sustituye al primero.
Los profesionales del entrenamiento suelen aconsejar una progresión gradual. Es habitual comenzar con intervalos breves, apoyar las rodillas en el suelo o las manos sobre una superficie elevada, como una mesa firme o un banco, y aumentar el tiempo de forma paulatina. Mantener la respiración fluida y cuidar la alineación de la columna ayuda a reducir el riesgo de molestias. Las personas con hipertensión, dolor lumbar, problemas de hombros o muñecas, o con alguna enfermedad crónica, deben consultar antes con un médico o un fisioterapeuta para adaptar el ejercicio a su situación.
Para la comunidad venezolana y latina en Estados Unidos, donde muchos adultos compaginan largas jornadas laborales con responsabilidades familiares, un ejercicio que no requiere equipamiento ni suscripción a un gimnasio puede resultar una opción accesible para practicar en casa. Quienes carecen de seguro médico pueden acudir a centros de salud comunitarios, que en numerosas localidades ofrecen orientación sobre actividad física, y a programas gratuitos o de bajo costo de parques, bibliotecas y centros municipales, donde a menudo se imparten clases para adultos y personas mayores.
El contenido original puede consultarse en Telva, medio al que corresponde la responsabilidad de la información atribuida a Nicola Jones. Las pautas oficiales de actividad física, por su parte, están disponibles en las páginas de la OMS y de los CDC, y los profesionales sanitarios recomiendan validar con el médico de cabecera cualquier cambio sustancial de rutina, sobre todo a partir de los 50 años.
Fuente: Telva



