Investigadores han identificado residuos de cacao con una antigüedad de casi mil años en vasijas cerámicas halladas en territorio de lo que hoy es Estados Unidos, muy lejos de las zonas mesoamericanas donde esta planta se cultivaba, según informó La Razón. El hallazgo aporta evidencia concreta sobre la extensión y la sofisticación de las redes de intercambio que existían en el continente americano antes de la llegada de los europeos.
De acuerdo con la fuente, los restos fueron detectados mediante análisis químicos aplicados a las vasijas, una técnica que permite identificar marcadores moleculares característicos del Theobroma cacao incluso cuando han transcurrido siglos. La presencia de estos compuestos en recipientes localizados a miles de kilómetros de las regiones productoras —principalmente las tierras bajas tropicales de México, Guatemala y Belice— sugiere que el cacao no llegó allí de manera casual, sino como resultado de intercambios organizados y sostenidos en el tiempo.
La Razón señala que los objetos analizados corresponden a un período situado alrededor del año 1000 de la era común, una época en la que diversas culturas del suroeste norteamericano, como la tradición Ancestral Pueblo —conocida también como Anasazi—, alcanzaron un notable desarrollo arquitectónico y social. La coincidencia cronológica refuerza la hipótesis de que estas comunidades participaban activamente en circuitos de comercio de larga distancia, no solo como receptoras pasivas de bienes exóticos, sino como agentes con capacidad para sostener relaciones de intercambio estables.
El cacao ocupaba un lugar central en las sociedades mesoamericanas mucho antes de que los conquistadores españoles lo introdujeran en Europa en el siglo XVI. Para culturas como la maya y la azteca, el fruto del Theobroma cacao era simultáneamente moneda, alimento ritual y bebida de élite. Su uso estaba reservado a ceremonias religiosas, negociaciones políticas y celebraciones funerarias, lo que le otorgaba un valor simbólico y económico muy superior al de un simple producto alimenticio. Los granos de cacao circulaban por extensas rutas comerciales que atravesaban selvas, mesetas y desiertos, articulando economías regionales a lo largo de miles de kilómetros.
La arqueología ha documentado desde hace décadas la existencia de estos corredores de intercambio en Norteamérica. Sitios como Chaco Canyon, en el actual Nuevo México, han proporcionado previamente indicios de contacto con Mesoamérica: macaws —guacamayas— importadas del sur, conchas del Pacífico y objetos de cobre trabajado. Sin embargo, la identificación química de residuos de cacao en vasijas específicas añade una capa de precisión que los artefactos por sí solos no podían ofrecer. Cada nuevo hallazgo de este tipo permite reconstruir con mayor fidelidad la geografía invisible de las rutas prehispánicas.
Para las comunidades latinas e hispanohablantes en Estados Unidos, este tipo de descubrimiento posee una dimensión cultural particular. El cacao es un elemento profundamente arraigado en la identidad gastronómica y simbólica de México y Centroamérica, regiones de origen de millones de inmigrantes que hoy residen en el país. Saber que este fruto viajaba hasta el corazón del suroeste norteamericano hace casi un milenio subraya la profundidad histórica de los vínculos entre Mesoamérica y el territorio que hoy ocupa Estados Unidos, una conexión que precede con creces a cualquier frontera moderna.
Según la fuente, el estudio continúa abierto y los investigadores prevén ampliar el análisis a otras vasijas procedentes de yacimientos cercanos, con el objetivo de trazar con mayor detalle los posibles itinerarios que seguían estos bienes desde las zonas productoras hasta su destino final en el norte. Los resultados podrían contribuir a redefinir la comprensión académica sobre la complejidad y el alcance de las sociedades precolombinas del interior de Norteamérica.
Fuente: La Razón



