Venezolanos que han abandonado su país debido a condiciones adversas relatan, según informa El Observador, que su travesía no concluye al cruzar la frontera de Estados Unidos, sino que da inicio a un prolongado proceso migratorio que puede extenderse por años.
De acuerdo con el medio, quienes solicitan protección internacional en territorio estadounidense deben atravesar múltiples etapas administrativas y judiciales: entrevistas de miedo creíble, audiencias ante cortes de inmigración y períodos de espera que, en muchos casos, transcurren en condiciones de incertidumbre legal y económica.
El Observador señala que parte de estas personas salió de Venezuela tras enfrentar amenazas, detenciones arbitrarias o represalias vinculadas a su actividad política o social. Al llegar a Estados Unidos, sin embargo, deben demostrar ante las autoridades migratorias que cumplen los criterios legales establecidos para obtener asilo, un estándar que los abogados consultados por el medio describen como exigente y técnico.
El reporte también destaca que la saturación del sistema judicial migratorio estadounidense genera demoras considerables. Algunas cortes de inmigración acumulan pendientes que superan los dos años, lo que mantiene a los solicitantes en un estado de limbo legal durante ese período, sin acceso inmediato a permiso de trabajo ni estabilidad de residencia.
Según la misma fuente, organizaciones de apoyo a migrantes han documentado casos en los que la falta de representación legal adecuada reduce significativamente las posibilidades de éxito en las solicitudes de asilo, lo que ha llevado a grupos de la sociedad civil a ampliar sus programas de asistencia jurídica gratuita para esta población.
El Observador no ofrece cifras globales sobre el total de venezolanos en esta situación, pero indica que el fenómeno forma parte de un patrón más amplio de desplazamiento que, según organismos internacionales, ha convertido a Venezuela en uno de los principales países de origen de solicitantes de protección en el hemisferio occidental.
Fuente: El Observador



